
29-Julio-2010
Número 12 - Año I - Junio-2006
Por Pablo Ortiz Bolivia Año Cero
Todos los estudios indican que la sociedad civil boliviana es una de las mas activas de la región. Por qué? En el viaje desde Santa Cruz a La Paz aparecen algunas respuestas. HOY SERÍA UN BUEN DÍA para estar en La Paz, me digo, maldiciendo mi escaso sentido de la oportunidad. Son las dos de la tarde del lunes 6 de abril y en pocas horas más Evo Morales estampará su firma sobre la ley que convoca a la Asamblea Constituyente, para entrar a la historia como el presidente que propició la famosa refundación de Bolivia. Me resigno a seguirlo por televisión desde Santa Cruz de la Sierra, en el oriente boliviano. O sea, a mil kilómetros de donde se escribe la historia, y desde una ciudad que el resto del país ve como la “hermana linda” que quiere irse de casa sólo porque tiene más plata que los otros ocho hijitos que tuvo mamá Bolivia. diferentes tribus de la región. -Ya en la Guerra del Chaco, cuando llegan los contingentes del collao, comienzan a decirles “camba” (“amigo”, en guaraní) a todos los de acá. Camba se asumía como un gentilicio más o menos peyorativo hasta que, hace poco, lo hemos asumido como nuestra identidad. Cuando un colla dice “camba”, lo hace de forma peyorativa, lo mismo que cuando un camba dice “colla” -explica la historiadora, marcando las diferencias. Pero no fue hasta los años 50 que los “cambas” y los “collas” tuvieron reales oportunidades de enfrentarse. El triunfo de la Revolución del 52 lanzó la “Marcha hacia el Oriente”, un llamado a poblar las tierras bajas, pero en versión siglo XX. Lo primero fue construir una carretera que por primera vez uniera Santa Cruz de la Sierra con el resto del país, y lo segundo fue traer por esas carreteras a colonos para asentarlos en San Julián, Yapacaní y Chapare. Según Peña, la principal diferencia entre oriente y occidente radica en que Santa Cruz se siente orgullosa de ser un pueblo de mestizos, mientras que los del occidente reivindican su origen indígena. Todo ello quedó refrendado por el último Censo de Población y Vivienda, que dejó sentado que más del 60 por ciento de los bolivianos tenía origen indígena. Claro que no se incluyó la opción “mestizo” entre las posibilidades de identificación. -Eso es culpa de Xavier Albó y su gente -dispara Peña. Albó es un cura y antropólogo a quien los sociólogos atribuyen la redacción del primer manifiesto indigenista surgido en el Lago Titicaca en los años 70. También es el experto en indigenismo más respetado dentro y fuera de Bolivia, pero en el oriente es visto por algunos sectores cruceños como uno de los responsables de tanta agitación política en los últimos años. Hace una semana lo llamé para concertar una entrevista en La Paz, pero se excusó: cuando yo alcance las alturas, él estará dictando una conferencia en Londres. Le pregunté entonces si Bolivia tiene una sociedad civil organizada y fuerte, como se viene diciendo desde que Evo Morales ganó las elecciones. -Una cosa es organizada y otra cosa es movilizada. A lo mejor está muy movilizada porque está muy mal organizada. Los pobres de Bolivia se organizan y se movilizan porque están fregados y olvidados por el Estado y la sociedad. Pongamos el ejemplo de la tierra. Se podría decir que el sistema está muy mal organizado porque en el Chaco y la Chiquitania hay unos pocos que tienen mucho y muchos que no tienen nada. Entonces unos se organizan para cambiar el sistema y los otros para mantenerlo como está. Pero hay que aclarar algo: una cosa es la organización para movilizarse y otra muy distinta es la estructuración de la sociedad. MIENTRAS CRUZO el mercado Siete Calles para alcanzar el centro veo una ciudad adolescente que en sólo cincuenta años pasó de tener 50.000 habitantes a rozar el millón y medio. Veo cómo los edificios se alzan sobre el horizonte y pueblan lo que alguna vez fue una llanura que se creyó infinita, y me abro paso por sus aceras sitiadas por vendedores ambulantes que dejaron sus regiones de origen en busca del sueño cruceño: una quimera tan parecida al “sueño americano” que muchos de mis jóvenes coterráneos creen que sólo nos falta el mar para ser idénticos a Miami. Hasta no hace mucho tiempo, Santa Cruz de la Sierra era un oasis en Bolivia. En octubre del 2003, mientras en La Paz morían 68 personas en las protestas que tumbaron a Gonzalo Sánchez de Lozada, aquí no pasaba nada, a tal punto que el ex presidente pensó trasladarse a la capital oriental y convertirla en su sede de gobierno. Peña tiene otra visión del “oasis”. Dice que no es que no haya conflictos, sino que “los expresamos de otra manera”, no con bloqueos de rutas sino con paros cívicos y cabildos. Ambos instrumentos de lucha deben ser convocados por el Comité Pro Santa Cruz, la organización civil que, con más de medio siglo de vida, es la más antigua del país y ha servido de contrapeso regional al poder que han ido ganando distintos movimientos sociales en los últimos años. Desde el Comité se acusa a todo el gobierno de ser excesivamente centralista y andinocentrista. Desde los movimientos sociales les devuelven el piropo, tildándolos de esbirros de las transnacionales, y de ser un refugio de la oligarquía y de los partidos tradicionales de Bolivia. Pero la chispa de este enfrentamiento no la encendió un político, un movimiento social ni los empresarios. La encendió una miss Bolivia. En el 2004 y mientras participaba en el concurso Miss Universo, Gabriela Oviedo dijo que representaba a “la otra Bolivia”, la “no indígena”, y que de este lado de la cordillera todos éramos blancos, altos y sabíamos hablar inglés. La Asamblea Constituyente fue el principal caballo de campaña de Evo Morales. El día que cerró campaña en Santa Cruz, ante las cinco mil personas que desafiaron el miedo a vitorearlo en “la otra Bolivia”, Morales confesó que apostaba a la Constituyente para cambiar el modelo económico, nacionalizar los hidrocarburos y acabar con la corrupción. Enciendo el televisor y lo veo ataviado con el mismo traje que usó para recibir la presidencia. Está feliz. Baila en el hall del palacio y después sale a la plaza Murillo para seguir la fiesta con el pueblo. La banda del ejército alterna ritmos folclóricos de las distintas regiones. Por un instante, las dos Bolivias están en paz. Hoy era un buen día para estar en La Paz, me repito. -DOS PASAJEROS MÁS Y NOS VAMOS -promete el chofer del truffi. En el taxi Toyota ya esperamos tres pasajeros a Yapacaní, pero el sindicato no le permite salir a menos que haya cinco, por más que los códigos de tránsito digan que sólo pueden viajar cuatro. Y es que en Bolivia nada se mueve sin que un sindicato, una asociación o un comité lo autorice o lo decida. Pese a que el modelo neoliberal instauró el transporte libre, nadie puede cubrir una ruta si no está afiliado a algún sindicato y, por lo general, la afiliación cuesta más que el mismo vehículo. reducto de Cimar Victoria, un líder colonizador sobre el que ni siquiera Morales tiene poder. Dicen de él que controla todos los fondos de la ayuda internacional que llega a la zona, incluso los estadounidenses. Dicen también que si un colono no acepta los mandatos de las reuniones del sindicato, es despojado de sus 50 hectáreas. Pero Victoria nunca está. Sólo se muestra en público en las asambleas o en las marchas. -¿Se va a quedar a vivir acá? -me pregunta un joven encargado de la portería de la sede de los colonizadores. Finalmente me envían al actual secretario ejecutivo de la institución, Jorge Bilbao, para que represente a Victoria. Bilbao dice que aprendieron que bloquear la carretera era la única forma de hacerse escuchar. También explica que su acuerdo con Evo Morales era sólo para evitar que la derecha acceda al poder, y que si no cumple con sus promesas ellos no dudarán en bloquear la carretera nuevamente. Detrás de él los colonizadores hacen una cola larga para ingresar a una oficina demasiado pequeña. Le pregunto para qué es la cola. -Los médicos cubanos están atendiendo gratis a la gente pobre. ¿Hablar con ellos? Creo que no. Dicen que vinieron a curar a la gente, no a dar entrevistas -explica Bilbao. Es mediodía y cerca del mercado, sobre la carretera, hay restaurantes que ofrecen pescado y carne de monte a granel. Yapacaní ha crecido tanto en la última década que ya hay motocicletas que hacen el servicio de taxis y que son el blanco predilecto de los asaltantes. Hace siete meses mataron al sexto mototaxista del año y el pueblo se levantó, encontró a los supuestos asesinos y los linchó frente a las cámaras de televisión. La policía utilizó el mismo marketing para arrestar a los cabecillas del linchamiento entre gallos y medianoche. Al amanecer, la población ya había cerrado la carretera exigiendo la liberación de sus héroes locales. Fue la última vez que bloquearon la vía, porque luego vinieron la victoria de Evo Morales y la esperanza de días mejores. Media hora más tarde estamos en la puerta de Chapare. Un enorme galpón desde donde se controla la salida de droga y el ingreso de precursores químicos a la región. El lugar está bajo el cuidado de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico, un grupo creado en los 80 y que es todopoderoso en todo el territorio nacional. Lo pasamos casi sin parar. Donde sí paramos es en Entre Ríos. Allí debo cambiar de truffi hasta Ibirgazama, donde sube Jorge Ríos, un farmacéutico que es una especie rara en la región: critica a Evo Morales. Mientras lee un suplemento escolar que cuenta la biografía oficial del líder cocalero, se confiesa preocupado por las últimas noticias. El fin de semana Evo denunció la injerencia de Estados Unidos en el nombramiento del alto mando militar, y ahora las relaciones con la embajada están cada vez más tensas. -Si los gringos dejan de poner plata en Chapare, no habrá inversiones. ¿Quién nos va a ayudar con el desarrollo alternativo? -se pregunta. El sol y la humedad de las tres de la tarde no disimulan la fiesta perenne que se vive desde el 18 de diciembre en Chimoré. La sede del cuartel de los Leopardos, el símbolo de la represión contra los cocaleros, luce toda adornada con banderines. En la oficina de la Federación de Productores de Coca de Chimoré me recibe Faustino Parra, con la algarabía de quien se reencuentra con un viejo amigo. Cómo han cambiado las cosas en sólo tres meses. Para la campaña, yo era un periodista de la oligarquía que venía a espiarlos. Ahora Parra tiene ganas de hablar. Cuenta que, cuando llegaron, Chapare era un monte virgen, que el presidente René Barrientos les dio las tierras y fusiles Mauser para ahuyentar a los feroces indígenas yuquis mientras abrían los chacos. Y que todo cambió desde que Evo asumió la dirigencia de las Seis Federaciones de Productores de Coca del Trópico de Cochabamba, porque los organizó como el sindicato más poderoso del país, como el reemplazo natural de la fuerza que décadas antes habían tenido los mineros, y plantó la defensa de la hoja de coca como la bandera de lucha que reemplazaría a la minería del estaño. -Ahora seremos nosotros los encargados de combatir el narcotráfico. No queremos que los Leopardos ni la Fuerza Antidroga entren al Chapare. Que se queden afuera, cuidando las fronteras. Ahora cada sindicato está obligado a cuidar que en ningún chaco haya fosas de maceración de cocaína y ni tierras alquiladas. Cuando se le pregunta por qué no lo hicieron antes, responde con un pragmático “todavía no éramos gobierno”. Un compañero de Parra, Guillermo Choque, ofrece más datos. Dice que el cato de coca (una parcela de 1.600 metros cuadrados que puede sembrar cada afiliado a los sindicatos) se va a respetar a rajatabla, y que ellos serán los encargados de convencer a la gente de que reduzca voluntariamente sus cultivos. En todo Chapare no se piensa ni por un momento en la posibilidad de “coca cero”. Es más, sembrar un terreno de 1.600 metros con coca les resulta más rentable que tener 16 hectáreas de naranjales. La coca se puede cosechar cuatro veces al año casi sin cuidados, y el cato produce cuatro cargas que son vendidas a un precio que oscila entre los 3.600 y 4. 400 bolivianos en el mercado legal. Ése es un precio sin competencia, ya que por mil naranjas apenas reciben Bs 100 y deben pagar casi la mitad de lo obtenido para transportarla. Cierro la entrevista y corro a la estación para alcanzar el bus que me transportará hasta Cochabamba.
A LAS DOS de la tarde todo parece lento en la plaza central de Cochabamba. La humedad de Chapare ha sido reemplazada por una sequedad acentuada por el sol otoñal, suficientemente alto como para brillar sobre las estribaciones de la Cordillera Real. Las calles son angostas y están atestadas de automóviles de toda índole. La falta de humedad preserva a la perfección los enormes micros Dodge que, pese a sus 40 años de servicio, aún no piensan jubilarse. La puntualidad no es una virtud de muchos bolivianos, y luego de esperar casi una hora por Óscar Olivera, líder máximo de la Coordinadora del Agua, me resigno a sólo hablar por teléfono con el pequeño hombre que se hizo famoso por ser el mariscal de la Guerra del Agua. La Guerra del Agua del año 2000 es considerada por todos los boliviólogos como el génesis del “empoderamiento” de los movimientos sociales. El inicio del camino que hace que los pobres tomen el poder en Bolivia. Pese al triunfo de Evo Morales, Olivera considera que aún falta mucho por andar: “Todavía no tenemos una propuesta colectiva de país”. Olivera quiere que el nuevo hombre boliviano aprenda a dejarse cuidar por la naturaleza, que aproveche los recursos naturales pero que también sepa preservarlos. Recurro a Fernando Mayorga para que me explique qué pasó en Cochabamba en el 2000. Es un doctor en sociología que dirige el Centro de Estudios Sociales de la Universidad San Simón de Cochabamba, pero también un típico clase media cochabambino. Me cuenta que el servicio de agua potable de la ciudad casi colapsó por la cantidad de quejas que recibió de sus usuarios ante el alza de tarifas, y eso destapó la ira de los más pobres, los que no tienen el servicio en Cochabamba. -La Guerra del Agua no sólo expulsó a una empresa extranjera que se había adjudicado la administración del servicio; la Guerra del Agua acabó con la idea de que la inversión extranjera era la mejor vía para salir de la pobreza -explica. Mayorga fue uno de los artífices del estudio Índice Civicus de la Sociedad Boliviana, medición que compara el nivel de organización civil de Bolivia con el de otros países. El resultado refiere que este país tiene la segunda sociedad más organizada de Latinoamérica, después de la Argentina. El enfrentamiento entre regiones se ha hecho pan de cada día y el Índice también lo demuestra. Dice que el 89 por ciento de las personas que viven en el Altiplano participaron de algún tipo de acción política en el último año. La cifra desciende en el oriente, aunque no tanto, y se fija en el 67 por ciento. El 72 por ciento de la población boliviana está afiliada a algún tipo organización social civil. Y Chapare es un paradigma de ello. Un cocalero tiene por lo menos tres afiliaciones. Pertenece a su sindicato de productores de hoja de coca, a una central, a una federación, y a través de ella a la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia y, también, a la Central Obrera Boliviana. Eso tal vez explique por qué los cocaleros han marchado o bloqueado por cualquier problema que se produjo en Bolivia en los últimos seis años. -Pero Evo Morales nunca fue de extrema izquierda. Siempre fue de centro. Si vos te fijás, siempre estuvo tratando de hacer pactos para calmar las cosas. El error fue de sus enemigos políticos, que lo hicieron ver como el responsable de todas las movilizaciones, cuando no era así -explica Mayorga. De todo eso sabe bastante Filemón Escobar, un jubilado líder minero que se internó en Chapare en 1987 para buscarle reemplazo al poder sindical que había sido desbaratado por el modelo neoliberal. Muchos lo apuntan como el padre político de Evo Morales. Si es así, Morales debe tener algo de Edipo, porque fue quien lo sepultó políticamente. A finales del 2004 lo acusó de haber recibido soborno de Estados Unidos y lo expulsó del MAS. Cuando le pregunto cómo era Morales cuando lo conoció, no ahorra adjetivos. Dice que era un “fierrerito” al que tuvo que convencer de que la vía era democrática y no armada, que había condiciones para crear una guerrilla en Chapare pero que él, a fuerza de seminarios y trabajo de base, los convenció de que ése no era el camino. -Sobre todo, Evo no debe olvidar que él es hijo legítimo de la coca, que este movimiento es hijo legítimo de la coca insiste Escobar. SON LAS CUATRO de la mañana y la plaza 14 de Septiembre luce desierta. Desde allí debo tomar el bus que me transportará de nuevo hasta Chapare para encontrar a Morales. El viaje dura tres horas, pero son suficientes para subir cumbres hasta los cuatro mil metros y luego bajar hasta los llanos de la zona cocalera, a sólo trescientos. La humedad se puede cortar en Villa Tunari. Es el pueblo más grande de toda la región y hoy está de fiesta porque inaugura su primera agencia bancaria. Hay un pinchadiscos que pone con la misma impunidad a Shakira o a Aldo Monje, y que cambia a música folclórica apenas los vehículos de Inteligencia anuncian la llegada del Presidente. En la carretera se han formado los bachilleres de un colegio para saludar a su líder, que pasa rápido, sin detenerse, y se va directo hasta las oficinas de la alcaldía. Después de media hora sale al balcón y, con el humor ácido que lo caracteriza, saluda: “Cómo están mis queridos periodistas burgueses”. Baja con una sonrisa de oreja a oreja y comienza a saludar uno por uno a los bachilleres del Colegio Salesiano de la región. Está vestido con su típica camisa ploma a cuadritos, unos vaqueros negros y un par de zapatos azules marca Adidas. Entre saludos fríos, casi protocolares, va saliendo de la alcaldía, pero se detiene frente a la que bien podría ser la reina del curso. Es una joven alta, de piel trigueña, y que sonríe cuando el Presidente pide a todos los periodistas que le tomen una fotografía abrazados. Morales no puede con su carácter. Su éxito con las mujeres es tan legendario como sus luchas sindicales. Él admite que tiene dos niñas de doce años. -¿Mellizas? -le preguntó una vez un diplomático. -No. Yo no soy egoísta y quise que cada una tuviera su propia madre -le respondió sin colorearse. Y no pierde el humor ni cuando le toca inaugurar el hospital que le regaló en Villa Tunari la Cooperación Europea. Luego de nombrar a todos los dirigentes, al embajador de la Unión Europea y a los alcaldes, les dedicó un cariñoso saludo a “todas mis ex suegras”, sentadas en fila a su diestra. Pero el discurso de recepción de la obra lo aprovechó para pegarle a Estados Unidos. Puso como ejemplo a los europeos para hablar de una cooperación internacional que no incluye injerencia política. Morales se lleva de mil maravillas con los representantes de Europa en Bolivia. Le dicen “compañero Evo”, y no sólo le construyeron hospitales y escuelas en Chapare, sino además una casa para las Seis Federaciones de Productores de Hoja de Coca. La sede de los cocaleros ya no es un cuartito de cuatro por cuatro ubicado en el segundo piso de una casa destartalada en Shinahota, como la describió Martín Caparrós en 1991. Ahora es un enorme coliseo rodeado de oficinas y dormitorios que costó 120.000 euros. El día termina con comilona general y repartija de material deportivo para todos los pueblos de la zona tropical. Morales se reunió con los dirigentes y les pidió que controlen que no haya coca “excedentaria”, que vigilen bien cada chaco para que Estados Unidos no tenga pretexto para atacarlos. De Chapare a La Paz hay doce horas de viaje y 3.300 metros de diferencia de altitud sobre el nivel del mar. Los primeros síntomas del sorojchi o mal de altura no se los siente en los pulmones ni en el pulso. Se los siente en la boca. El paso de un ambiente extremadamente húmedo a uno totalmente seco toma desprevenido al viajero, que comienza a sentir una sed insaciable. El calor es reemplazado por las bajas temperaturas del altiplano y para protegerse de él todos los pasajeros de la flota cierran herméticamente sus ventanas, creando un microclima pesado y casi irrespirable. La flota para una sola vez, a las tres de la mañana, en Caracollo. Allí, los que permanecen despiertos bajan a tomar un mate de coca para combatir la altura y el frío, o le compran Coca-Colas y chocolates a Lidia Choque, una adolescente de 17 años que tiene un quiosco afuera del restaurante. -Suerte que ya no hay más bloqueos. Cada vez que había problemas en el país, venían de todos lados y bloqueaban aquí, porque cerrando Caracollo aíslan a La Paz, Oruro y Cochabamba de una sola vez -cuenta Lidia. Es casi mediodía y desde la ceja de El Alto se puede ver toda la ciudad de La Paz e incluso las faldas del Illimani. El taxi no puede trepar hasta la Plaza Murillo y me deja en El Prado. Subo, con dificultad, por la calle Comercio y a una cuadra de mi destino me topo con una interminable fila de mujeres con polleras y sombreros. Reclaman para que el gobierno de Morales continúe con el Plan de Empleo de Emergencia, una medida keynesiana inventada en el 2002 para intentar frenar la crecida de la desocupación. Dentro de la sede de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia me espera el Mallku, Felipe Quispe. Está sentado frente a una enorme wiphala, una bandera de siete colores que representa a los pueblos indígenas de Bolivia. Pese a su derrota electoral en las pasadas elecciones, Quispe asegura que pronto escucharemos nuevamente de él, que Evo cometerá los mismos errores de los gobiernos neoliberales. Quispe fue el que puso el segundo ingrediente para la toma del poder popular en Bolivia: el indigenismo. Recluido en la cárcel en 1992 por colocar bombas en torres de energía eléctrica, supo pasar de la lucha guerrillera a la lucha sindical, e instaurar el bloqueo de rutas como elemento efectivo para conseguir lo que deseaba. Desde que salió del penal de San Pedro se convirtió en un líder campesino, y ya para 1999 tenía el control de los dos mil sindicatos de todo el país. -Cuando llegué a la Confederación, estaba dividida. Por un lado estaba el grupo de Alejo Véliz, que era partidario de hacer bloqueos y acciones contra la oligarquía boliviana. Del otro lado estaba el grupo de Evo Morales, que sólo sabían hacer marchas y huelgas de hambre. Ellos se retiraron y con el grupo del Alejo hemos comenzado la lucha -comenta. Quizás el principal responsable de la derrota de Quispe en las elecciones de diciembre pasado sea Álvaro García Linera. El actual vicepresidente había sido compañero de lucha y de cárcel de Quispe, pero aceptó la invitación de Evo Morales para ser su compañero de fórmula, no sin antes tratar de convencer al Mallku de que se uniera al cocalero. -Es un traidor. El Álvaro no era más que un changuito marxista con un pantalón sucio cuando lo conocí. Nos seguía a todas partes y parecía una quinceañera que me esperaba afuera de donde yo iba. Yo le he enseñado sobre nuestras culturas, lo he llevado a nuestros lugares sagrados, pero él nos ha traicionado -dice, visiblemente molesto. García Linera tampoco quiere saber mucho de Quispe. Lo confiesa al día siguiente en pleno Palacio Quemado. El matemático y sociólogo está resfriado y es presidente en ejercicio del país mientras Morales se encuentra en Chile. Sentado en medio de los retratos de Evo y el Che hechos con hoja de coca, dice que el Mallku cometió una delación y que por eso se han alejado. No abunda en detalles, pero sí se explaya hablando del “evismo”, un movimiento que, enfatiza, no sólo es boliviano sino continental. Con esa definición trata de cortar el cordón umbilical que, afirman muchos, une a Morales con Hugo Chávez. En las seis semanas que lleva en el gobierno, asegura García Linera, se ha dejado seducir más por el reto de gobernar que por el poder. Desde el oriente y el occidente, en parte por un prejuicio racial, se lo ve como el hombre que da equilibrio al gobierno, lo cual ha hecho que tenga una mejor imagen que Morales entre la clase media boliviana. Tal vez por eso es que desde la embajada estadounidense lo comparan con Stalin. -¿Por qué yo Stalin? -me pregunta. -Lo ven como el dogmático, el duro, y a Evo como el soñador e idealista -le aclaro. -No sé si la comparación es buena, pero la acepto. Yo más bien veía a Stalin como un burócrata. Yo no me vería así, en todo caso. Me gusta más la comparación con la Revolución Francesa. Yo me ubicaría como uno de los últimos jacobinos, si tuviera que asignarme algún lugar. -En ese caso, ¿qué papel le damos a Evo? -¿Robespierre? SALGO DE PALACIO QUEMADO y corro hacia la plaza San Francisco para colarme a la conferencia de prensa que dará ahí Manu Chao. El francés vuelve a Bolivia después de seis años, pero esta vez no viene a promocionar un nuevo disco ni a pataperrear por el Salar de Ayuni. Viene a agarrar su pedacito de revolución, a ser partícipe y observador del parto de esta nueva Bolivia. “Tenía que venir, quería verlo”, dice en su “francuñol” característico. Por la noche, mientras sintoniza su “Radio Bemba” con las cinco mil personas que asisten a su concierto, me encuentro en medio de un montón de turistas que han venido a lo mismo que él, y caigo en cuenta de que Bolivia está de moda. Hace sólo seis meses, los gobiernos de países vecinos y europeos elaboraban intrincados planes para evacuar a sus ciudadanos por si estallaba una guerra civil, pero ahora este país se ha transformado en el principal destino del turismo político del mundo: una especie de Cuba en los 70. En la casa de Valentín Mejillones, el amauta (guía espiritual) que “coronó” a Evo Morales en Tiwanaku, hay un equipo de documentalistas franceses que quieren saber todo acerca de la vida espiritual del nuevo mandatario. Tienen ganas de que me vaya rápido y me piden que hable de una vez con el amauta. Le pregunto qué le espera a Evo en los próximos años, y me dice que no sabe, pero que está seguro de que no será fácil: -Si Evo quiere saber qué pasará con su gobierno, tiene que venir para que leamos juntos las hojas de coca. 22
Martes 27 de Junio del 2006
Lunes 31 de Julio del 2006
evangelina
solamente queria comentarles q yo tngo flia en bolivia yapacani son de apellido victoria mi abuelo se llama segundino victoria y el queria hacer contacto con su unico hermano vivo q tiene ahi no recuerdo su nombre pero viive ahi solo quisiera hacer saber q soy de salta arg. y me encantaria tener contacto con alguien de la flia.sorry si no tiene nada q ver con lo pedido
Lunes 11 de Setiembre del 2006
Pablo Ortiz
El teléfono de Cimar Victoria es el (591) 73605990. Supongo que él es tu familiar.
Pablo
Jueves 14 de Setiembre del 2006
fabricio
Ola, estoy traduciendo una parte de tu nota en francès. Esta muy buena. Conozco bastante bien la Bolivia donde voy a menudo. Te escribo para recomandarte un libro que escribio, con un amigo, el coresponsal de Pagina/12 de Argentina, Pablo Stefanoni. Se llama "de la coca al palacio, la revolucion democratica de Evo" (una edicion en Buenos Aires y una otra en Bolivia). A su lectura los dichos de felipe quispe sobre garcia linera quedan exagerados. Un saludo
Miercoles 11 de Octubre del 2006
Pablo Ortiz
Gracias. Conozco a Pablo y él estuvo en palacio durante la entrevista a García Linera. Estuvimos juntos en Argentina para lo del Tren del Alba, con Evo. Si me pasás luego una copia del artículo en francés, mataría.
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